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Marzo de 2009

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Seis historias sobre peleas en la calle

Mal entendidas, mitificadas y tergiversadas, las situaciones en que alguien debe pelear en la calle pocas veces están claras y la mayoría de las ocasiones la forma en que las entendemos termina por jugar en nuestra contra. Seis casos distintos nos dejan sus moralejas.

Primera historia: el ex marido que ganó la pelea

Jaqueline tiene 45 años, mujer atlética y madre devota pero con muy mal criterio para seleccionar parejas. La última de ellas, motivo por el cual la conocimos, no tomó de buena gana la demanda de divorcio que le presentaron por maltratos.

El ex marido presentaba desde temprano los signos clásicos de una pareja violenta, lo que hacía previsible que la ruptura no sería un cuento de hadas: excesivo consumo de alcohol, celos patológicos, posesivo, verbalmente abusivo y de vez en cuando mano suelta con cualquiera que alzara la voz más que él.

Los días posteriores a la separación Jaqueline estaba asustada ante las posibles reacciones del ex marido. Consultando con amigas llegó a la conclusión de que debería aprender a defenderse y comenzó la búsqueda de las famosas clases. Hurgando en la fauna de instructores y programas se encontró un gimnasio que enseñaba artes marciales y clases de defensa personal, donde le enseñaron a golpear, patear, morder y mallugar gente como a JLO en la película “Enough”.

Pero a Jaqueline no le fue tan bien como a Jennifer López.

Lo que no le explicaron los expertos de “Peleas Callejeras” es lo que sabe cualquier experto en seguridad personal medianamente serio: cuando un ex marido violento inicia un proceso de acoso es probable que la espere a la salida de la casa y la apuñale a ella y a su hijo de 5 años…

Jaqueline llegó a nosotros referida por un asesor de seguridad, con una cicatriz de 15 cm en el estómago, 60 horas de psicoterapia y un escepticismo absoluto por el cuento de las “clases de defensa personal”, producto de un entrenamiento contratado a una persona que pensó que el kimono y la cara de matón eran suficientes para enseñarle a alguien a salvar su vida.

Captado por cámara de seguridad: Las agresiones a mujeres son tan violentas como las que puede sufrir un hombre, a veces peor...

La moraleja de la historia

  • Los problemas de seguridad no se resuelven aprendiendo a pegar puñetazos, sino manejándolos como lo que son: problemas de seguridad que requieren de la asesoría de expertos en el área.
  • Necesita aprender a defenderse, pero antes trate de entender para qué tipo de situaciones debe prepararse y qué es lo que sensatamente debe y puede aprender.
  • Un cinturón negro no transforma a nadie en experto en escenarios de violencia, lo acredita sólo como un deportista experto.

Segunda historia: perdió por un dedo

Esta historia nos llegó a través de un mensaje que nos envió su protagonista a propósito de un texto escrito en el año 2004 llamado “¿Confía en su Entrenamiento?”.

Juan estaba entusiasmado, al fin terminaba su curso como agente de policía municipal. Las últimas clases era las mejores y los instructores se afincaban en las materias defensivas: tiro, operaciones y defensa personal.

Las últimas clases de defensa personal fueron las más interesantes: los desarmes de arma corta. Toda la semana se la pasó forcejeando y aprendiendo a arrancarle la pistola de la mano al delincuente.

Meses después y con su flamante uniforme a nuestro agente municipal le toco su bautismo de sangre: dos muchachos de 19 años con mal aspecto merodeaban en la calle. Todo iba según procedimiento hasta que uno de los sospechosos sacó un un revólver. A Juan la clase de desarmes le salió por instinto y rápidamente agarró el arma para desviarla de su cara.

Lo que no le explicó el instructor – investigaciones posteriores revelaron que no sabía nada de armas de fuego ya que según él su deber era conocer sólo de combate sin armas - es que si usted agarra un revólver alrededor de la parte posterior del cilindro, la deflagración de los gases producto del disparo puede literalmente convertir sus dedos en astillas de hueso y sangre.

La detonación hizo que Juan perdiera el dedo índice de la mano izquierda, además del control del arma. Lo que no se perdió fue el impacto de 357MAG en el estómago.

La moraleja de la historia

  • La idea de que un sistema de defensa personal sea integral (hablar, usar las manos, armas blancas y de fuego), es que el defensor conozca distintas áreas que puedan salvarle la vida y evitar accidentes por ignorancia.
  • Alrededor del 95% de los enfrentamientos con delincuentes involucran un arma de fuego. Si usted quiere aprender a pelear contra ellos esta realidad no puede obviarla su entrenamiento.
  • Aprender desarmes no trata sólo de quitarle el arma a alguien, sino saber qué debe y no debe hacer.

Tercera historia: Lo más eficaz para la calle… Y la cárcel

Miguel tenía 13 años cuando comenzó a practicar artes marciales. Peleador natural, pronto acumuló trofeos, cinturones y el respeto de sus compañeros.

A los 17 años Miguel ya se atrevía a sugerir a sus compañeros en el liceo técnicas para no dejarse atracar, qué hacer cuando son varios o te llevan al piso. Para entonces ya cultivaba la idea obsesiva de muchos artistas marciales: llegar a pelear en la calle.

La mala suerte existe, sobre todo para los que la tientan. En su cumpleaños número 18, a pocos meses de graduarse de bachiller, reventó una pelea colectiva en el liceo que involucró a todos los barones “machos” de su promoción. Al primero que agarró lo llevó al piso y comenzó a estrangularlo como había hecho tantas veces en entrenamiento.

Con lo que no contaba era que los compañeros del estrangulado comenzaron a patearlo hasta destrozarle cuatro costillas. “Macho y decidido” nuestro héroe optó por seguir apretando mientras le llovían golpes y en medio del caos no se dio cuenta cuándo el estrangulado había dejado de respirar. La pelea terminó gracias a la intervención de los profesores y la policía. Al final quedaron sólo dos cuerpos en el piso: el de Miguel apunto de desmayo por las costillas fracturadas y el del estrangulado, ahora muerto.

Pasó su cumpleaños en una clínica y los que siguen los está pasando preso por homicidio. El concepto de Legítima Defensa que trataron de esgrimir los abogados de la familia se estrelló contra el simple hecho de que Miguel participó voluntariamente en una riña. A sus padres los conocimos durante una charla de seguridad que dictamos en su residencia.

La moraleja de la historia

  • Hay cosas que puede hacer en un gimnasio y otras que definitivamente le pueden traer unas costillas rotas o algo peor.
  • En la calle no lo separa el réferi, sino el cómplice de su oponente, la policía, el rescatista de la ambulancia o el forense de la morgue.
  • Además de aprender a defenderse aprenda sobre conceptos legales. Entre ellos lo que significan las riñas según el Código Penal.

Cuarta historia: 120 kg derribados por 230 GR

A Antonio lo conocimos en un curso de escolta en el cual participó y de entrada nos llamó la atención la enorme cicatriz que tiene entre la clavícula y el trapecio.

Desde joven sus padres le habían inculcado el espíritu deportista, sobre todo las actividades que involucraran contacto físico. Fue campeón de boxeo en su juventud, practico Karate y cuando no había lugar a dudas de que sería un gigantón empezó con lucha.

A los 35 años hacía tiempo que se había retirado y tal vez por el gusto de la adrenalina, o por lo loco que terminó luego de una vida de golpes a la cabeza, decidió meterse a escolta. Tamaño tenía para el negocio y tamaño también tenía para la Glock 21 calibre 45 que se compró. Una noche típica de trabajo con un jefe al que le encantaban las discotecas terminó mal. El jefe tomado comenzó a meterse con una mujer acompañada, lo que rápidamente terminó en una pelea que no le dejó otra opción a Antonio que comenzar a repartir golpes con las enormes manazas que la naturaleza le regaló.

Como en toda pelea en la calle, en algún momento alguien lo agarró y comenzó a forcejear. Mientras repartía cabezazos y rodillazos para zafarse no se dio cuenta de que alguien había notado su arma y se la había sacado de la funda.

Lo último que recuerda es el fogonazo de la Glock disparando a su cuello, el proyectil de 45 FMJ que le destrozó la clavícula y que por obra de los dioses no tocó la arteria subclavia. Cosas de pelear estando armado.

La moraleja de la historia

No es difícil perder el arma en un forcejeo. En círculo se nota el arma que perdió el policía durante la pelea.
  • Pelear con un arma encima es muy distinto a pelear estando desarmado.
  • Una pelea que comienza a golpes no siempre debe terminar de la misma forma.
  • Evita, Evade, Elude y Escapa. Cuando se pelea en la calle deben haber objetivos claros – como irse a penas pueda – ya que quedarse es estirar la situación hasta un punto que no se controle.

Quinta historia: Lo mejor es no pelear

Alejandro es uno de los muchachos más educados y sensatos que haya participado en nuestro curso de Enfrentamientos de Calle Nivel I y llegó a nosotros no por gusto sino por un susto.

Pacífico y conciliador por naturaleza, su tono suave y su ánimo calmado lo mantuvieron lejos de las peleas clásicas de la juventud. Su estrategia es simple y buena: evita, discúlpate o retírate. El 99% de las veces le funcionaba, hasta que le tocó el otro 1%.

La trama es la clásica en Caracas: choque con alguien que ese día se paró con el pie izquierdo y la luna atravesada. Civilizadamente Alejandro se bajó de su carro para ver los daños y ofrecer llamar a tránsito. Pero al otro le pareció mejor bajarse con una cabilla en la mano.

Asustado y descompuesto ante una situación que no se esperaba y para la cual no estaba preparado, trató de calmar al furioso conductor. Alcanzó a disculparse tres veces por el choque, no pudo llegar a la cuarta disculpa porque el cabillazo le reventó el codo. Afortunadamente la policía de tránsito llego antes de que el furioso conductor transformara a nuestro amigo en una piñata.

La moraleja de la historia

  • Su plan A es evitar situaciones que puedan provocar una pelea en la calle
  • Su plan B es disculparse y tratar de irse a fin de no pelear
  • Su plan C, ese desagradable cuando los otros dos fallaron, es entender que tal vez el otro no comparte su educación y sentido de la fraternidad humana, sino el lenguaje de la fuerza ¿Sabe usted hablar ese idioma fluidamente?

Sexta historia: ¿Qué me recomiendan para aprender a pelear en la calle?

A Max lo conocimos durante la charla “Sobreviviendo a un Atraco” donde contó su historia luego de que hablamos sobre los riesgos de resistirse a un atracador. Muchacho endeble de 22 años y 68 Kg, un día se hartó de que le dijeran “flaquito” y decidió aprender a pelear. Imbuido del espíritu de las películas, los videos de YouTube y los torneos vale todo, comenzó a indagar cuál era el arte marcial que mejor servía para la calle.

No hubo gimnasio, deportista o foro virtual que no consultara ¿Qué era mejor, algo donde se dieran golpes o lucha? ¿Qué funciona mejor contra varios agresores? ¿Quién conoce algo donde enseñen a defenderse contra atracadores? ¿Hay algo bueno contra ataques de cuchillo?

Consejos iban y venían e incluso muchos profesores se ofrecieron a entrenarlo hasta que al fin se decidió. Estaba fascinado con lo que aprendía, las duras sesiones de entrenamiento y la admiración por los alumnos más avanzados.

Al tiempo Max sentía más confianza de la sensatamente necesaria, porque cuando lo fueron a atracar calculó mal sus probabilidades frente a un muchacho de 17 años que lo amenazaba con una navaja. Lo primero que descubrió al tratar de defenderse es que a pesar de todos sus intentos por desarmar al agresor la mano se desplaza increíblemente rápido y antes de que se diera cuenta ya lo habían cortado en el estómago.

Lo segundo que descubrió es que la Visión de Túnel no es cuento y que en efecto se pierde manejo del entorno. Concentrado en el primer atracador, no vio el segundo que tenía hace rato en su espalda y que le disparó cerca de la cadera dejándolo herido. Sobrevivió gracias a un ciudadano responsable que logró llevarlo a un hospital.

La moraleja de la historia

  • Lo que a Max no le dijo ninguno de los que le dieron consejo: 86% de los delitos se cometen entre dos y cuatro atracadores, 95% involucra alguna clase de arma, será abordado en el momento de mayor vulnerabilidad, no controlará su entorno y defenderse una vez abordado es el peor momento para hacer algo.
  • Las estrategias defensivas no sirven de nada si no existen hábitos preventivos.
  • Defenderse a golpes de varios sujetos - armados o desarmados - es una de las peores pesadillas que ciudadano alguno se pueda encontrar. Pensar en salirse de allí a punta de técnicas de cuerpo a cuerpo es ingenuo, creer que efectivamente es fácil y querer probarlo es suicida.
  • Antes de buscar “algo que sirva para la calle”, es mejor entender primero cómo funciona la calle, preguntarle a personas que saben lo que es la calle y prepararse en consecuencia.

Las moralejas finales

  • Si quiere aprender a defenderse para mejorar sus destrezas en seguridad, invierta también tiempo en desarrollar hábitos preventivos.
  • Evita, Evade, Elude y Escapa.
  • Entienda los contextos de los escenarios de riesgo donde puede llegar a necesitar defenderse: cómo son, qué sucede, cómo se desarrollará el enfrentamiento y cuáles son los objetivos. El patrón de ataque durante un atraco no es el mismo que durante una riña, ni guarda relación con la forma en la que un acosador o un agresor sexual atacan.
  • Los deportes de contacto sólo manejan 2 de las 30 variables que intervienen en un enfrentamiento de calle y que deciden su desenlace. Ninguna pelea real se parece a nada de lo que haga en un gimnasio.
  • Pelear sólo con sus manos en un escenario de violencia es una situación desesperada, no su primera opción.
  • El refrán “las armas de fuego nos hicieron a todos iguales” sólo lo cree el vendedor del arma y el ingenuo que la compra. Andar armado lo obliga a ser igual de bueno defendiéndose con sus manos.
  • Ningún entrenamiento en defensa personal es completo sin tres cosas: la compatibilidad con las fallas de desempeño físico por estrés, el concepto táctico que le dice cuál es el objetivo y cómo conseguirlo y el contacto con la realidad, sobre todo la penal.
  • Sea cortés y educado, pero tenga un Plan C.
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